NO HAY PEOR CIEGO QUE AQUEL QUE NO QUIERE VER
Llegué al estadio con pocas expectativas. La derrota frente a Los Andes era muy reciente. La lluvia que cayó durante la semana impidió que se practicara con normalidad, lo que hacía suponer, nos encontraríamos con el mismo panorama futbolístico. A diferencia de otros partidos, Chicago empezó ganando el encuentro merced a un regalo del arquero visitante, bien aprovechado por Ruiz. Defensores de Belgrano, de buen trato de pelota, llegaba hasta el área grande con posibilidades pero no inquietaba a Gómez. La visita mostraba el mismo defecto que el torito, la falta de ideas para crear opciones de gol. En el segundo tiempo el verdinegro se retrasó apostando a alguna corrida afortunada de sus delanteros. La expulsión de Russo produjo un desconcierto en la defensa de Chicago que fue bien aprovechada por Ceratto, que con una notable definición decretó la igualdad. Así terminó el partido, y así también finalizó el ciclo de Leo Ramos al frente del equipo. Un final que desde éstas páginas veníamos anunciando, la magra cosecha de puntos, y el bajo rendimiento de los jugadores, así nos lo indicaban. Los únicos que parecían no darse cuenta, eran los directivos, que porfiadamente le seguían dando más oportunidades. Como diría mi abuelo, el soltero, no hay peor ciego que aquél que no quiere ver.
martes, 9 de febrero de 2010
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